He descubierto que es mejor dejar que todo lo que puede dañarte te dañe, evitar huir del dolor y aceptar el miedo que tienes.
¿Que al confiar en otra persona y abrirme puede contestarme con rechazo? Que lo haga, que me da miedo y me dolerá pero no me romperé. ¿Que puede irme muy mal si elijo hoy no estudiar con un examen final mañana? Que me vaya mal, las consecuencias de ello no me matarán por malas que sean. ¿Que puede ser que sea muy egocéntrica y no sepa apreciar a los demás tal y como son? Si así soy, así soy. Aunque sea algo que no me guste, dejaré que esté en mi mente y que me duela, y si quiero después aprenderé a enfocar las cosas de otra manera. Pero después.
Las personas somos fuertes. Deberíamos confiar más en nosotros mismos y ser conscientes de que pasarlo mal y sentir dolor no está mal en sí. Lo que es realmente dañino es preocuparse por ello, tener la necesidad urgente de estar bien e intentar superar los problemas serios antes de entenderlos.
Previamente a empezar a abordar una situación dura es mejor pararse a aceptar que es una situación difícil, y en ese momento de aceptación no estar pensando en cambiar las cosas. No tiene sentido intentar aceptar que se está sufriendo con la vista puesta en dejar de sufrir. Antes de eso hay que olvidarse del futuro y sumergirse en lo que está pasando, con la única intención de aceptar un sentimiento que es totalmente propio, que no ha salido de ningún lugar ajeno a uno mismo.
No se vive mal con el dolor, y casi siempre es temporal. En cambio, convivir con el autorrechazo, el ansia y la autocrítica, es buscarse la infelicidad permanente. Parece que es mejor ignorar el miedo y el dolor y forzarse a ser alegre, pero al contrario de lo que parece esos sentimientos no son un peligro para nosotros, sino más bien al contrario, nos hacen crecer y ser más conscientes de quiénes somos.
Hay una gran diferencia entre el que sabe que tiene miedo a algo pero aun así decide hacerlo porque quiere, y el que quiere hacer algo y le da igual cómo se esté sintiendo al respecto. La diferencia es que uno va consigo mismo y el otro va solo.
Deja que te duela. Abre el corazón a la lluvia, al dolor, abre los ojos ante la imagen que no quieres ver. No huyas de ti mismo, porque ni puedes ni es lo mejor. Acéptate como eres, y al igual que dejas que la alegría te inunde cuando estás bien, acoge la tristeza y el miedo que salen de ti cuando llaman a tu puerta tiempos difíciles.
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