Ciencia y sentido


         Hay mucha gente que se pregunta por qué los científicos en general, y sobre todo los físicos en particular, se empeñan en intentar explicarlo y razonarlo absolutamente todo. Por qué son reacios a dejar nada al azar y escépticos y rigurosos hasta en el más mínimo detalle. Y yo os pregunto a su vez: ¿Alguna vez habéis oído la expresión ''y todo lo demás es consecuencia''?

       Cuando se encuentra una teoría que explica muy bien un conjunto de fenómenos naturales determinados, se intenta resumir en unas pocas leyes o principios y se dice: << ...y asumiendo esto, y dentro del marco en el que estamos, todo lo demás es consecuencia>>. 

        Normalmente no se dice eso de ''y dentro del marco en el que estamos'', pero lo añado yo, porque aunque siempre se sobreentiende me parece que es peligroso no tenerlo en mente: obviamente, si a uno le dan las ecuaciones de Maxwell y no parte de la enorme base de que los sistemas físicos se pueden tratar e interpretar de esta y aquella manera, o de que las abstracciones y modelos matemáticos (con toda su ingeniería de cálculo incluida) pueden llegar a describir bien el comportamiento de lo de afuera, no llega a ninguna parte. 

          Pero, si se tiene en cuenta el camino recorrido, cuando un físico, químico o biólogo da con uno de estos maravillosos conjuntos de leyes, que con muy poco llegan a mucho y que además explica ntodo lo que se conoce respecto a ese tema con un grado de precisión brutal, sabe que tiene en sus manos algo importante. Estos principios básicos de la naturaleza nos dicen: ''al menos dentro de este rango de condiciones, la parte del mundo que estás estudiando funciona así''. Así, y no de ninguna otra manera. Así, y todo esto se deriva de ello. Así, y esto es lo que implica.

         Estos escasos logros son nuestro impulso para seguir aprendiendo y buscando comprender, ya que cada uno de ellos representa una nueva forma de entender el universo, literalmente. Es también muy importante si lo que dicen esas leyes se cumple aquí y no allá, y ahora sí pero no luego, porque eso nos indica conceptualmente qué ideas fallan y además nos da una pista de por qué y de por dónde empezar a investigarlo. Con cada punto de vista nuevo que amalgamamos al anterior, o con cada idea vieja que los experimentos tiran, vamos consiguiendo una visión global de dónde vivimos y de cómo funciona este mundo, que es, al final, lo que la mayoría andamos buscando. Pero resulta que amalgamar es a veces tremendamente complicado. 

        Es muy difícil coger lo que se sabe del calor y la entropía y mezclarlo con lo que pasa en el mundo de las partículas, y también lo es hacerse una idea de lo que ocurre cuando a estas partículas las pones a interaccionar entre ellas y a la vez a correr a velocidades cercanas a la de la luz. Ese es el gran reto de hoy en día, al menos en la física moderna, y son precisamente los lugares donde las ramas chocan y no se llevan bien los que nos son más útiles para seguir avanzando y los que nos resultan más interesantes. 

        Por eso analizamos todo, racionalizamos todo, nos importa si la pelota de tenis ha rebotado en un ángulo extraño o si tu perro ha aullado en ultrasonido.

        Tenemos que saber dónde no funciona lo que hemos construido. Porque seguramente, casi todos los científicos tienen en el corazón la misma utópica fantasía de algún día poder decir: <<Sin más contexto que el de estas leyes, sin más reglas que las aquí presentes, todo lo demás, absolutamente todo, es consecuencia.>> Y eso incluye la pelota, el perro, la nube, el planeta Tierra y el resto del universo.

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